UNA REFLEXIÒN ACERCA DE LA MANERA DE CONSTRUIR Y RECONSTRUIR LA SOCIEDAD DESDE LA ACADEMIA
¿De qué manera y a partir de un proyecto social y educativo como San José responder a los retos de contribuir en la formación de una sociedad cambiante, competitiva, con relaciones claras y precisas de convivencia, que sea capaz de transformar el contexto social, para así mejorar su entorno y contribuir en la conformación de una sociedad mejor formada, pensada, construida y reconstruida desde la academia y la convivencia?
La búsqueda de respuestas a tan ambiciosa pregunta, se constituye en un reto, para quienes pensamos desde este proyecto social en una manera clara de construir y reconstruir la sociedad, el camino de reflexión frente a este proceso se desarrolla en la medida en que se esboce una mirada hacia aquellas situaciones y elementos que de una u otra manera puedan contribuir para lograr dar respuesta a la inquietud presentada; esta reflexión visualiza un camino desde donde se analicen algunos factores que contribuyan de manera precisa con tal reflexión; entre estos factores se encuentran: El contexto y la globalización; la idea de país y nación; el tipo de educación; el para qué formarnos, el cómo formar; mediante qué mecanismos comunicarnos; con qué estrategias asumir el reto de una educación dialogada y concertada y sobretodo útil en un mundo tan interactivo y cambiante como el que nos tocó vivir.
De una u otra manera el mundo globalizante que impera en la actualidad, demarca unas particulares posibilidades de comprender y atender las necesidades sociales, culturales, económicas y educativas del momento.
La dinámica mundial encierra a un ciudadano del mundo, el cual recibe y atiende a un sinnúmero de tareas y circunstancias que recibe y recibe sin contemplación, siendo las más precisas la tecnología, el mundo del consumismo y el desarrollo de las comunicaciones instantáneas; la tecnología que ofrece una dinámica de vida, más fácil en esencia, en donde los individuos facilitan sus actividades, sus responsabilidades y sus posibilidades de concreciones y actuaciones, en los roles del mundo actual. A su vez el mundo moderno ofrece una gama de probabilidades de mercados que si bien hacen posible a todas las personas acceder a una infinidad de oportunidades materiales, también los encasillan en la naturaleza implacable de la materialización de sus sueños, dentro de una búsqueda absoluta de colección de objetos “el consumismo pleno” como único mecanismo para lograr la felicidad; además de estas circunstancias las comunicaciones instantáneas que de una u otra acortan las distancias, emergen en los individuos, dando lugar a otra manera de comunicarse, interactuar con los seres humanos y sentir que la cercana providencia del saber y poder comunicar nos acompaña; no importa si se esta en la misma ciudad, país o planeta se cuenta con la maravillosa posibilidad de interactuar comunicándonos al instante con cualquier individuo y bajo cualquier circunstancia o necesidad posible.
Dicha globalización nos obliga a comprender este mundo y a dinamizar en él, de manera tal que nos construye y reconstruye, en un ser cíclico que va y viene en esas recontracciones sociales, apuntando a mostrar al nuevo hombre como un ser competitivo, capaz de asumir retos y nuevas posibilidades de reconstrucción de su propio mundo social, económico y material. En este mundo de construcciones y reconstrucciones sociales, de competencias, innovaciones y comunicaciones, entramos nosotros a la nación colombiana, inmersos en este universo y buscando en ese mar de posibilidades una oportunidad de participar en el juego de la construcción social, desde lo que somos, desde lo que hemos logrado, pero sobre todo desde lo que estamos por construir, una materialización de idea de país y nación, que solo es viable en la medida en que quienes pertenecemos a este proyecto consideremos la formación de un individuo nuevo, transformador ,capaz de crear y recrear una sociedad distinta, especial transformadora y preparada para asumir nuevos retos; los retos de presentarnos ante el mundo global con un espíritu altruismo, creativo, crítico, capaz de pensar el mundo, para transformarlo no sólo desde el ser, sino desde el saber, para así lograr un hacer pensado e interpretado para la construcción de un país en donde el valor más significativo corresponde a la búsqueda de un equilibrio social, político, educativo y económico, viable y propicio para todos; donde los seres humanos reciban de su entorno globalizante la posibilidad de un equilibrio de intenciones y realidades los cuales nos permitan vivir en un mundo mas equitativo.
Esa idea de equilibrio solo es posible si en esa construcción y reconstrucción uno de los elementos significativos más importantes de la sociedad, la educación, recibe un camino de honor y se desarrolla tal como la sociedad requiere que se lleve a cabo. Pero, ¿Qué tipo de educación se requiere? Pues, una educación transformadora, capaz de comprender, interpretar y reinterpretar la sociedad, una educación que responda a los retos del mundo de hoy, que no desconozca la inmensa capacidad de los seres humanos a quien va dirigida.
Esta educación corresponde aquella a la cual se le hace un llamado a la acción. Una educación donde se piense no solo en el elemento conceptualizante, sino en la necesidad de construir un conocimiento único y verdadero desde un mundo razonable y meta cognitivo, en donde los seres humanos seamos concientes de nuestras posibilidades para aprender y comprender y sobretodo de lo que somos capaces de entender. Este mundo de las compresiones y las interpretaciones nos lleva a saber en un momento dado, el para qué y el cómo usar lo que aprendemos y conocemos, es decir que la tarea de aprender corresponda claramente con la búsqueda de solucionar problemáticas reales que le den una pertinente y útil razón de ser a nuestros conocimientos. Que no sea recibir un saber, sino construirlo y usarlo en una situación dada, la cual requiere ser reconocida, interpretada y sobretodo, resuelta, dando lugar a otro sinnúmero de posibilidades.
Una de las razones especiales de esta reflexión corresponde a la respuesta de para qué formamos, y en esa medida, para que formamos desde el proyecto social que nos corresponde, pues bien, después de enfatizar en el campo de las comprensiones, nos dirigimos al campo de las competencias y su relación con la academia y los mundos sociales.
Una competencia corresponde desde esta reflexión al conjunto de habilidades y posibilidades que un individuo tiene, desarrolla y utiliza en un contexto determinado para resolver situaciones propias de una disciplina en circunstancias dadas. Estas habilidades corresponden a su saber hacer en un contexto y es allí, en donde se genera la mayor razón de ser de un individuo competente. Un individuo responde a una formación cuando desde su disciplina alude un reconocimiento real y circunstancial de una problemática y entonces bajo esta, requiere pensar y repensar una posible manera de mejorar dicha situación; es así como la formación y la respuesta al para qué formar requiere de reconocer que se forma para solucionar situaciones problèmicas en el mundo que nos circunscribe y entonces debe haber una formación pertinente a la realidad desde el hacer, el ser y el saber; cuyo efecto de integralidad contribuya además con la formación de una sociedad capaz de construir conocimiento, resolver problemas y formar tejido social; allí es imperativo tocar el tema de las competencias no solo como elementos de interpretación, argumentación y proposición, sino como elemento para comprender la gama de posibilidades que tenemos para formar individuos capaces de hacer y competir con calidad en el mundo económico y social que nos correspondió, pero sobretodo capaces de construir y reconstruir saberes que logren la verdadera transformación social, entendiendo el conocimiento y el saber como el gran valor de una sociedad.
Entonces, ¿para qué formar? Para lograr una sociedad que se construya sobre sus propias bases de compresiones y no sobre las compresiones de otros mundos ajenos a su realidad, sin transformación, sin mundos posibles; un mundo en donde formamos una sociedad para la construcción del conocimiento y el uso de este en un contexto real, dentro del cual la solución de los problemas se logre mediante la eventualidad de hacer realidad nuestras propias comprensiones.
Si la búsqueda es entonces el para que formarnos y la respuesta esta en un mundo en donde el conocimiento resuelve problemas reales; el cómo formarnos también viene a ser una pregunta interesante por resolver, pues bien, el cómo formar tiene que ver con la concepción de comunicación de saberes que tenemos y con la gran cantidad de posibilidades para lograr esos procesos de enseñanza – aprendizaje mediante esa comunicación .En esa medida el cómo formamos alude al tema de las estrategias y en ese sentido se responde comprendiendo que una formación dentro de una educación concertada y dialogada debe estar centrada en comprender que el estudiante es el agente activo de este proceso y que el docente participa como mediador del mismo; también es un proceso que nace en la búsqueda de las comprensiones, las interpretaciones de problemáticas y situaciones reales, las cuales se deben analizar desde las disciplinas especificas, buscando resolver problemáticas. Los aprendizajes deben ser concertados, haciendo conciente las compresiones dentro de un proceso metacognitivo, donde tengan cabida las operaciones mentales, las representaciones de lo aprendido y sobre todo en donde lo que se aprenda se use para algo en un entorno académico, laboral, social, determinado; no se trata de transmitir, se trata de construir un conjunto de posibilidades en donde quien participa como estudiante en el proceso le encuentre utilidad, necesidad y pertinencia a lo que aprende.
Para desarrollar procesos donde los individuos aprendan, construyan sociedad y respondan a los retos que ésta les brinda, se hace necesario además de lo anterior mencionado concertar una naturaleza posible de comunicación, de tal manera que se dé por entendido que hay un reconocimiento del uno por el otro, en un proceso comunicativo , donde la educación se constituya en un debate dialogado y concertado de compresiones y saberes, materializado en la operacionalización de las competencias y en la capacidad de respetar, comprender y responder al otro, a pesar de las diferencias teóricas, conceptuales e ideológicas que se puedan presentar.
Es así como la construcción de una sociedad a partir de un proyecto social como San José hace visible la articulación de la claridad que se debe tener en relación, al para qué formar, cómo y mediante que mecanismos comunicativos lograrlo, de tal manera que la respuesta se encuentre en las capacidades de entender la educación como un camino interactivo entre los individuos en donde se construyan y reconstruyan los saberes, se resuelvan problemáticas reales; se interprete el mundo contextual, se utilice lo que se aprende; donde los individuos seamos protagonistas activos del cambio y en donde podamos responder a un mundo de posibilidades de construcción social, a partir de saber que somos competentes y capaces con nuestra formación, de responder mediante nuestro saber, nuestro ser y nuestro hacer a la construcción de una sociedad moderna, tecnológicamente viable y posiblemente pensante; comunicativa ;reconstruida desde el dialogo, la convivencia y los saberes. Una sociedad humanamente posible y científicamente viable, que responda a los retos y a las necesidades de su tiempo.
CLAUDIA LUCIA CARO GÒMEZ
DOCENTE.
¿De qué manera y a partir de un proyecto social y educativo como San José responder a los retos de contribuir en la formación de una sociedad cambiante, competitiva, con relaciones claras y precisas de convivencia, que sea capaz de transformar el contexto social, para así mejorar su entorno y contribuir en la conformación de una sociedad mejor formada, pensada, construida y reconstruida desde la academia y la convivencia?
La búsqueda de respuestas a tan ambiciosa pregunta, se constituye en un reto, para quienes pensamos desde este proyecto social en una manera clara de construir y reconstruir la sociedad, el camino de reflexión frente a este proceso se desarrolla en la medida en que se esboce una mirada hacia aquellas situaciones y elementos que de una u otra manera puedan contribuir para lograr dar respuesta a la inquietud presentada; esta reflexión visualiza un camino desde donde se analicen algunos factores que contribuyan de manera precisa con tal reflexión; entre estos factores se encuentran: El contexto y la globalización; la idea de país y nación; el tipo de educación; el para qué formarnos, el cómo formar; mediante qué mecanismos comunicarnos; con qué estrategias asumir el reto de una educación dialogada y concertada y sobretodo útil en un mundo tan interactivo y cambiante como el que nos tocó vivir.
De una u otra manera el mundo globalizante que impera en la actualidad, demarca unas particulares posibilidades de comprender y atender las necesidades sociales, culturales, económicas y educativas del momento.
La dinámica mundial encierra a un ciudadano del mundo, el cual recibe y atiende a un sinnúmero de tareas y circunstancias que recibe y recibe sin contemplación, siendo las más precisas la tecnología, el mundo del consumismo y el desarrollo de las comunicaciones instantáneas; la tecnología que ofrece una dinámica de vida, más fácil en esencia, en donde los individuos facilitan sus actividades, sus responsabilidades y sus posibilidades de concreciones y actuaciones, en los roles del mundo actual. A su vez el mundo moderno ofrece una gama de probabilidades de mercados que si bien hacen posible a todas las personas acceder a una infinidad de oportunidades materiales, también los encasillan en la naturaleza implacable de la materialización de sus sueños, dentro de una búsqueda absoluta de colección de objetos “el consumismo pleno” como único mecanismo para lograr la felicidad; además de estas circunstancias las comunicaciones instantáneas que de una u otra acortan las distancias, emergen en los individuos, dando lugar a otra manera de comunicarse, interactuar con los seres humanos y sentir que la cercana providencia del saber y poder comunicar nos acompaña; no importa si se esta en la misma ciudad, país o planeta se cuenta con la maravillosa posibilidad de interactuar comunicándonos al instante con cualquier individuo y bajo cualquier circunstancia o necesidad posible.
Dicha globalización nos obliga a comprender este mundo y a dinamizar en él, de manera tal que nos construye y reconstruye, en un ser cíclico que va y viene en esas recontracciones sociales, apuntando a mostrar al nuevo hombre como un ser competitivo, capaz de asumir retos y nuevas posibilidades de reconstrucción de su propio mundo social, económico y material. En este mundo de construcciones y reconstrucciones sociales, de competencias, innovaciones y comunicaciones, entramos nosotros a la nación colombiana, inmersos en este universo y buscando en ese mar de posibilidades una oportunidad de participar en el juego de la construcción social, desde lo que somos, desde lo que hemos logrado, pero sobre todo desde lo que estamos por construir, una materialización de idea de país y nación, que solo es viable en la medida en que quienes pertenecemos a este proyecto consideremos la formación de un individuo nuevo, transformador ,capaz de crear y recrear una sociedad distinta, especial transformadora y preparada para asumir nuevos retos; los retos de presentarnos ante el mundo global con un espíritu altruismo, creativo, crítico, capaz de pensar el mundo, para transformarlo no sólo desde el ser, sino desde el saber, para así lograr un hacer pensado e interpretado para la construcción de un país en donde el valor más significativo corresponde a la búsqueda de un equilibrio social, político, educativo y económico, viable y propicio para todos; donde los seres humanos reciban de su entorno globalizante la posibilidad de un equilibrio de intenciones y realidades los cuales nos permitan vivir en un mundo mas equitativo.
Esa idea de equilibrio solo es posible si en esa construcción y reconstrucción uno de los elementos significativos más importantes de la sociedad, la educación, recibe un camino de honor y se desarrolla tal como la sociedad requiere que se lleve a cabo. Pero, ¿Qué tipo de educación se requiere? Pues, una educación transformadora, capaz de comprender, interpretar y reinterpretar la sociedad, una educación que responda a los retos del mundo de hoy, que no desconozca la inmensa capacidad de los seres humanos a quien va dirigida.
Esta educación corresponde aquella a la cual se le hace un llamado a la acción. Una educación donde se piense no solo en el elemento conceptualizante, sino en la necesidad de construir un conocimiento único y verdadero desde un mundo razonable y meta cognitivo, en donde los seres humanos seamos concientes de nuestras posibilidades para aprender y comprender y sobretodo de lo que somos capaces de entender. Este mundo de las compresiones y las interpretaciones nos lleva a saber en un momento dado, el para qué y el cómo usar lo que aprendemos y conocemos, es decir que la tarea de aprender corresponda claramente con la búsqueda de solucionar problemáticas reales que le den una pertinente y útil razón de ser a nuestros conocimientos. Que no sea recibir un saber, sino construirlo y usarlo en una situación dada, la cual requiere ser reconocida, interpretada y sobretodo, resuelta, dando lugar a otro sinnúmero de posibilidades.
Una de las razones especiales de esta reflexión corresponde a la respuesta de para qué formamos, y en esa medida, para que formamos desde el proyecto social que nos corresponde, pues bien, después de enfatizar en el campo de las comprensiones, nos dirigimos al campo de las competencias y su relación con la academia y los mundos sociales.
Una competencia corresponde desde esta reflexión al conjunto de habilidades y posibilidades que un individuo tiene, desarrolla y utiliza en un contexto determinado para resolver situaciones propias de una disciplina en circunstancias dadas. Estas habilidades corresponden a su saber hacer en un contexto y es allí, en donde se genera la mayor razón de ser de un individuo competente. Un individuo responde a una formación cuando desde su disciplina alude un reconocimiento real y circunstancial de una problemática y entonces bajo esta, requiere pensar y repensar una posible manera de mejorar dicha situación; es así como la formación y la respuesta al para qué formar requiere de reconocer que se forma para solucionar situaciones problèmicas en el mundo que nos circunscribe y entonces debe haber una formación pertinente a la realidad desde el hacer, el ser y el saber; cuyo efecto de integralidad contribuya además con la formación de una sociedad capaz de construir conocimiento, resolver problemas y formar tejido social; allí es imperativo tocar el tema de las competencias no solo como elementos de interpretación, argumentación y proposición, sino como elemento para comprender la gama de posibilidades que tenemos para formar individuos capaces de hacer y competir con calidad en el mundo económico y social que nos correspondió, pero sobretodo capaces de construir y reconstruir saberes que logren la verdadera transformación social, entendiendo el conocimiento y el saber como el gran valor de una sociedad.
Entonces, ¿para qué formar? Para lograr una sociedad que se construya sobre sus propias bases de compresiones y no sobre las compresiones de otros mundos ajenos a su realidad, sin transformación, sin mundos posibles; un mundo en donde formamos una sociedad para la construcción del conocimiento y el uso de este en un contexto real, dentro del cual la solución de los problemas se logre mediante la eventualidad de hacer realidad nuestras propias comprensiones.
Si la búsqueda es entonces el para que formarnos y la respuesta esta en un mundo en donde el conocimiento resuelve problemas reales; el cómo formarnos también viene a ser una pregunta interesante por resolver, pues bien, el cómo formar tiene que ver con la concepción de comunicación de saberes que tenemos y con la gran cantidad de posibilidades para lograr esos procesos de enseñanza – aprendizaje mediante esa comunicación .En esa medida el cómo formamos alude al tema de las estrategias y en ese sentido se responde comprendiendo que una formación dentro de una educación concertada y dialogada debe estar centrada en comprender que el estudiante es el agente activo de este proceso y que el docente participa como mediador del mismo; también es un proceso que nace en la búsqueda de las comprensiones, las interpretaciones de problemáticas y situaciones reales, las cuales se deben analizar desde las disciplinas especificas, buscando resolver problemáticas. Los aprendizajes deben ser concertados, haciendo conciente las compresiones dentro de un proceso metacognitivo, donde tengan cabida las operaciones mentales, las representaciones de lo aprendido y sobre todo en donde lo que se aprenda se use para algo en un entorno académico, laboral, social, determinado; no se trata de transmitir, se trata de construir un conjunto de posibilidades en donde quien participa como estudiante en el proceso le encuentre utilidad, necesidad y pertinencia a lo que aprende.
Para desarrollar procesos donde los individuos aprendan, construyan sociedad y respondan a los retos que ésta les brinda, se hace necesario además de lo anterior mencionado concertar una naturaleza posible de comunicación, de tal manera que se dé por entendido que hay un reconocimiento del uno por el otro, en un proceso comunicativo , donde la educación se constituya en un debate dialogado y concertado de compresiones y saberes, materializado en la operacionalización de las competencias y en la capacidad de respetar, comprender y responder al otro, a pesar de las diferencias teóricas, conceptuales e ideológicas que se puedan presentar.
Es así como la construcción de una sociedad a partir de un proyecto social como San José hace visible la articulación de la claridad que se debe tener en relación, al para qué formar, cómo y mediante que mecanismos comunicativos lograrlo, de tal manera que la respuesta se encuentre en las capacidades de entender la educación como un camino interactivo entre los individuos en donde se construyan y reconstruyan los saberes, se resuelvan problemáticas reales; se interprete el mundo contextual, se utilice lo que se aprende; donde los individuos seamos protagonistas activos del cambio y en donde podamos responder a un mundo de posibilidades de construcción social, a partir de saber que somos competentes y capaces con nuestra formación, de responder mediante nuestro saber, nuestro ser y nuestro hacer a la construcción de una sociedad moderna, tecnológicamente viable y posiblemente pensante; comunicativa ;reconstruida desde el dialogo, la convivencia y los saberes. Una sociedad humanamente posible y científicamente viable, que responda a los retos y a las necesidades de su tiempo.
CLAUDIA LUCIA CARO GÒMEZ
DOCENTE.
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